LIBRO DE MATEO
Lección 68, Capítulo 20
La semana pasada comenzamos Mateo 20 y tratamos la parábola del agricultor justo, que pagó la misma cantidad de dinero a los trabajadores que habían laborado desde el amanecer hasta el anochecer que a los que quizá habían trabajado no más de una hora. Los trabajadores exhaustos que habían laborado todo el día no estaban contentos con el agricultor, pues consideraban que el acuerdo no era justo. El agricultor responde que es su viñedo, su dinero, y que pagó a los primeros trabajadores que contrató exactamente lo que les había prometido, y que hacerlo así era su prerrogativa. Además, el orden en que se pagó a los trabajadores fue tal que los contratados para trabajar todo el día fueron los últimos en cobrar, mientras que los que trabajaron solamente una hora cobraron primero. La parábola termina con estas palabras: «Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». Puesto que la parábola comenzó con «El Reino de los Cielos es semejante a…» (en el sentido de aquello con lo que puede compararse el Reino), entendemos que su propósito es mostrar que «los primeros serán últimos y los últimos, primeros» es una característica del Reino de los Cielos.
Puesto que toda parábola tiene una enseñanza moral… una y solamente una… la de esta es que el funcionamiento del Reino de los Cielos será una verdadera inversión de la manera en que vemos que suceden las cosas en la tierra. Esto será especialmente cierto en lo referente a la jerarquía social. Es decir, quienes ocupan el último lugar en la tierra en esta era presente serán primeros en el Reino de los Cielos. Y quienes ocupan el primer lugar en la jerarquía social de esta era serán últimos en el Reino de los Cielos. Esta inversión también se reflejará en la manera en que los líderes ejercen su liderazgo, como veremos en los versículos posteriores de Mateo 20.
Quiero abordar una pregunta que surgió después de la última lección para dejar algo claro. Cuando en Mateo, capítulo 19, hablé del hombre rico que quería obtener la vida eterna, y de cómo Yeshua dejó claro que uno debe obedecer la Ley Y seguirlo a Él para alcanzarla, no pretendía dar a entender que existiera una secuencia obligatoria por la que quien busca a Dios tuviera primero que obedecer la Ley y solamente después decidir seguir a Cristo. Mis comentarios se hicieron dentro del contexto del relato sobre lo que Cristo le dijo al joven rico que hiciera. Por lo tanto, no quise establecer ningún tipo de secuencia como regla para la salvación. Prosigamos y volvamos a leer una parte de Mateo 20.
VOLVER A LEER MATEO, CAPÍTULO 20:17 HASTA EL FINAL
El versículo 17 comienza así: «Mientras Yeshua subía a Yerushalayim…». Aquí Jesús inicia su último viaje a la Ciudad Santa, donde celebrará la fiesta de la Pascua por última vez. Todo aquello para lo que Yeshua había nacido lo estaba conduciendo a los siguientes días, que cambiarían para siempre la historia de Israel y de toda la humanidad. Lo que quiero destacar aquí son las palabras «subía a». Jerusalén está situada sobre una colina de 2,500 pies de altura. Sin embargo, no es el lugar más alto de Israel; hay otros lugares, algunos de los cuales, como el monte Hermón, alcanzan hasta 10,000 pies. Puesto que en ese momento Yeshua se encontraba en Jericó, a unos 900 pies bajo el nivel del mar, evidentemente estaba subiendo para llegar a Jerusalén. Sin embargo, cuando leemos la Biblia y examinamos otros documentos antiguos hebreos y judíos, vemos que cuando alguien va a Jerusalén siempre se describe como una subida. Como dice David Stern en su comentario sobre este versículo, no importaría que un hebreo comenzara su viaje desde el monte Everest: aun así, siempre estaría subiendo cuando fuera a Yerushalayim. Esto se debe a que esa subida no tiene nada que ver con la altitud, sino que se entiende en un sentido espiritual; es un «lugar elevado» espiritualmente. Incluso la palabra que se utiliza en nuestros tiempos cuando los judíos emigran de regreso a Israel es aliyah, que significa subir.
Este mismo relato se encuentra en Marcos 10:32-45. Leámoslo para ver cómo lo presenta Marcos.
LEER MARCOS 10:32-45
Habrán notado varias diferencias entre las versiones de Marcos y Mateo, de las cuales abordaremos al menos algunas a medida que avancemos. Quizá este sea un buen momento para recordarles que, en el siglo XXI, la moda actual entre los estudiosos de la Biblia es decir que Mateo copió gran parte de su Evangelio del de Marcos. No hay evidencia de esto, salvo que en algunos pasajes el Evangelio de Marcos ofrece más información sobre determinado acontecimiento. De hecho, los primeros Padres de la Iglesia coinciden en que el Evangelio de Mateo fue el primero en escribirse. Sin embargo, los estudiosos bíblicos modernos descartan esto como una creencia errónea compartida por aquellos hombres. Así que la única prueba real que los académicos bíblicos modernos tienen para ofrecer es que la mayoría coincide entre sí en que Marcos fue primero, y ese consenso adquiere entonces la categoría de hecho. Ya saben: la mayoría decide. Les recuerdo esto porque, allí donde existen verdaderos conflictos entre Mateo y Marcos (y son muy pocos), considero que Mateo tiene mayor autoridad.
Durante su viaje de Jericó a Jerusalén, Cristo aparta a Sus 12 discípulos de las miradas atentas de las multitudes para decirles, por tercera vez, que va a Jerusalén para ser traicionado y morir. Esta vez entra en un poco más de detalle que hasta ahora. ¿Por qué vuelve a hablarles a Sus discípulos de Su próxima muerte? Era para prepararlos, pero también para dirigir sus pensamientos hacia todo lo que habían visto y experimentado con Él durante los últimos dos años, hacia lo que pronto presenciarían y hacia la manera en que habían sido llamados a seguirlo y entregarse plenamente a Él. Una vez más encontramos a Yeshua hablando de Sí mismo en tercera persona: «El Hijo del Hombre será entregado…». Claramente (al menos para nosotros, al mirar hacia atrás), se está identificando con el Hijo del Hombre de Daniel, que va al Cielo y se sienta a la diestra del Padre (el Anciano de Días). Jesús también menciona por primera vez la crucifixión, que los gentiles serán cómplices de ella y que será objeto de burlas y escarnios. Puesto que estará en Jerusalén durante la Pascua, cuando la ciudad estará repleta de peregrinos judíos, evidentemente los judíos constituirán el público principal que se burlará de Su sufrimiento (aunque los soldados romanos también lo harán). No habrá ningún martirio glorioso: solamente dolor. Este Mesías es, en verdad, un varón de dolores, y no el victorioso líder militar que los judíos habían esperado y anhelado durante tanto tiempo.
Yeshua repite que resucitará de entre los muertos después de 3 días. Así que, en lugar de utilizar la expresión que alude a la señal de Jonás (como hizo anteriormente), de 3 días y 3 noches, simplemente dice que resucitará de entre los muertos al tercer día. Debemos tener cuidado de no atribuir a estas palabras ninguna intención de precisión cronológica según la cual deban contarse los minutos entre el día y la noche, la luz y la oscuridad.
Todo esto significa que las sombrías palabras de Jesús sin duda empañaron el entusiasmo que normalmente acompañaba al viaje a Jerusalén para las fiestas anuales de Pascua y de los Panes sin Levadura. No escuchamos ni una sola palabra de reconocimiento por parte de Sus discípulos ante la dramática declaración de Yeshua sobre Su muerte inminente. Es casi como si les hubiera entrado por un oído y salido por el otro; sus mentes estaban ocupadas con otras cosas que les interesaban más. Para empeorar las cosas, un par de los 12 discípulos de Jesús retoman el asunto del estatus, planteado por Pedro y otros integrantes de Su círculo íntimo, sobre la jerarquía de liderazgo y los beneficios que obtendrían una vez que Cristo se convirtiera en rey. Verdaderamente, estos hombres parecen incapaces de captar lo que están oyendo. Hay algo más que debemos tener presente: lo que Yeshua ha estado explicando recientemente sobre Su destino inevitable simplemente no está arraigando en estos 12 hombres; estos 12 discípulos a quienes todos tenemos en tan alta estima y que son tan exaltados y celebrados en la Iglesia. En mi opinión, lo que Jesús les dice está tan alejado de las expectativas acerca del Mesías que todos habían tenido desde su infancia… expectativas que habían formado parte central de la cultura judía durante siglos y que la ocupación romana no había hecho más que intensificar… que no podían comprender lo que Él les estaba diciendo.
Aunque no quiero llevar demasiado lejos esta comparación, a mediados del siglo XX un hombre llamado Adolf Hitler escribió un libro en el que detallaba su plan para devolverle a Alemania el respeto y el dominio en Europa, e incluía su odio hacia los judíos y el genocidio que, según él, merecían. La mayoría de las personas que leyeron Mein Kampf no permitió que las partes que parecían tan monstruosas quedaran registradas en su mente; ni siquiera gran parte de la comunidad judía alemana, que sería su objetivo. Esto se debe a que la mente humana suele funcionar de tal manera que filtramos aquello que no encaja con nuestras ideas preconcebidas o nuestras esperanzas, y suavizamos cosas que no pueden significar lo que parecen significar porque son demasiado terribles para contemplarlas y, por tanto, no pueden ser reales. Sospecho que esto puede describir en cierta medida la capacidad de los 12 discípulos para dejar de lado la descripción que Yeshua hizo de Su muerte inminente y su incapacidad para comprender lo que realmente significaba para ellos y para toda la humanidad.
Para empeorar aún más las cosas, Mateo 20:20 presenta a la madre de los hermanos Jacobo y Juan acercándose a Jesús en nombre de ellos con una petición. Pero Marcos 10 ofrece una situación diferente.
CJB Marcos 10:35 35 Ya'akov y Yochanan, los hijos de Zavdai, se acercaron a él y le dijeron: «Rabí, quisiéramos que nos hicieras un favor».
Así que Marcos no menciona a la madre de los hermanos. Nos resulta imposible saber cuál de los dos relatos es más preciso. Probablemente la madre estaba presente con sus hijos, pero, de cualquier manera, Jacobo y Juan quedan retratados como mezquinos e ignorantes del gran drama de la Pasión que está a punto de desarrollarse ante sus ojos. En Mateo debemos entender que la madre se acercó a Cristo porque sus hijos le pidieron que fuera su defensora. No eran niños pequeños; tenían demasiada edad como para permitir que su madre interviniera y tomara las riendas de sus vidas de esa manera si no estaban de acuerdo. Así que debieron de instarla a hacerlo, lo que explica por qué Jesús no le responde a ella, sino directamente a Jacobo y Juan.
La madre procede a preguntar si, cuando Yeshua se convierta en rey, le prometería que concedería a sus dos hijos los puestos de mayor rango de liderazgo dentro del grupo de dirigentes reales. Es decir, era habitual que la persona sentada a la derecha del rey tuviera el estatus más alto, y la sentada a su izquierda, el siguiente. Eran los integrantes más cercanos del círculo íntimo de un rey. Hay un par de cosas que podemos deducir de esto. Puesto que Jesús les había dicho a Sus 12 que Él era el Mesías, pero que debían mantenerlo en secreto, evidentemente estos dos hijos se lo habían contado a su madre. Además, como la Tradición judía sostenía (con respaldo bíblico) que el Mesías sería rey del Reino de Dios (lo que ellos interpretaban como un rey davídico de una nación de Israel renacida), al creer ella que Yeshua era el Mesías anunciado, daba por hecho que pronto sería hecho rey (después de expulsar a Roma de Tierra Santa). Esto constituye una prueba adicional de que los 12 discípulos todavía comprendían muy poco la misión de Cristo y lo que estaba a punto de suceder. La razón es que las Tradiciones judías acerca de un Mesías seguían siendo el lente profundamente arraigado a través del cual estos discípulos veían tanto el oficio del Mesías como lo que haría.
Así que la familia galilea de Zavdai (Zebedeo en las Biblias en inglés) buscaba posiciones de gran honor que habrían elevado drásticamente su estatus social y (con suerte) su bienestar económico, pasando de ser simples pescadores que tenían que luchar diariamente para llevar comida a la mesa. A la luz de lo que Cristo les ha dicho que está a punto de sucederle, esta es una respuesta bastante vergonzosa, que ignora Su enseñanza de que la virtud de la humildad es la característica principal de quien espera ser miembro del Reino de los Cielos.
Así que la madre da un paso al frente, Jesús pregunta: «¿Qué quieres?», y ella solicita un favor especial para sus dos hijos. Cristo dice (parafraseando): «Ustedes están tan equivocados que no tienen idea de lo que están pidiendo». Concluye diciendo: «¿Pueden beber la copa que estoy a punto de beber?». Algunas versiones de la Biblia añaden las palabras: «…¿y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?». Esas palabras adicionales no aparecían en el libro de Mateo antes del siglo IX d. C. Las añadió algún editor cristiano posterior, tomándolas de Marcos 10:38, sin duda para que ambos Evangelios armonizaran mejor. Por otra parte, puesto que no tenemos ninguna copia de Marcos anterior al siglo IV, es totalmente posible (probable, en mi opinión) que esas palabras tampoco estuvieran en el Marcos original. Mi especulación es, más bien, que primero las añadió a Marcos un editor cristiano en el siglo III o IV y que, unos 400 años después, otro las trasladó a Mateo. ¿Por qué pienso eso? Porque es una frase y una sugerencia muy extrañas; hay demasiado lenguaje típicamente cristiano involucrado. Para los judíos, la inmersión (el bautismo) significaba una sola cosa: inmersión ritual para combatir la impureza ritual causada por el pecado o por haber contraído alguna clase de impureza. Pero eso no era lo que el cristianismo pensaba ni piensa de la inmersión (el bautismo). Los cristianos gentiles, desde el siglo III o IV en adelante, la concebían más o menos como nosotros en la actualidad. Es decir, el bautismo como una ceremonia santificada por la Iglesia, que constituye en parte una declaración pública de la fe en Jesús, acompañada de un ahogamiento simbólico que pone fin a nuestra vida de dependencia de nosotros mismos y nos permite asumir una nueva vida con el carácter de Cristo. Ciertamente eso no es lo que se representa en esta escena con Yeshua y Sus discípulos, así que me siento bastante seguro de que esa frase sobre el bautismo se añadió varios siglos después, primero a Marcos y luego, algunos siglos más tarde, llegó a Mateo.
Pero ¿qué quiere decir Yeshua cuando habla de que los discípulos beban la copa que Él está a punto de beber? En cierto sentido, hay una ironía aquí. Los discípulos, confundidos y distraídos, podrían pensar que Él se refiere a un glorioso banquete para inaugurar el reinado de su rey Yeshua, que naturalmente incluiría abundante vino. Sin embargo, de lo que Yeshua habla en realidad es de una copa llena de sufrimiento y muerte, y los discípulos simplemente no se dan cuenta. La Biblia habla con frecuencia de beber «una copa» llena de la ira de Dios y, por consiguiente, de dolor y sufrimiento humano.
CJB Jeremías 25:15 15 «Porque esto me dice ADONAI, el Dios de Isra'el: ‘Toma de mi mano esta copa del vino de la furia y haz que la beban todas las naciones a las que te envío’.»
CJB Ezequiel 23:32-33 32 Adonai ELOHIM dice: ‘Beberás de la copa de tu hermana, una copa profunda y ancha, llena hasta el borde de desprecio y burla, 33 que te llenará de embriaguez y dolor, una copa de horror y devastación: la copa de tu hermana Shomron’.
CJB Isaías 51:17 ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Levántate, Yerushalayim! De la mano de ADONAI bebiste la copa de su furia; has apurado hasta las heces el cáliz de la embriaguez.
Podría continuar, pues hay muchas otras referencias bíblicas semejantes, pero ya entienden la idea. Esta es la temible naturaleza de aquello de lo que Yeshua está hablando aquí cuando se refiere a beber la copa. A menudo, los comentaristas bíblicos dicen que esto anticipa el sacramento cristiano de la Comunión; pero eso es lo que ocurre cuando eliminamos el contexto judío, lo espiritualizamos y lo convertimos en una ceremonia gentil. Los discípulos responden diciendo que sí, que pueden beber de Su copa. ¿Podrían haber pensado que se refería al séder ceremonial de Pascua, que incluía beber copas de vino? Es posible, pero incluso eso habría estado estrictamente dentro de un contexto de la fiesta judía de Pascua. Lo que definitivamente no estaban pensando era en su propio sufrimiento o martirio.
Yeshua responde a los discípulos que afirman poder beber de Su copa diciéndoles que así será. Por supuesto, aquí tenemos un doble significado. Mientras ellos piensan que se refiere a la copa ceremonial de la Pascua, o quizá a una copa que formaría parte de Su coronación como rey, Él la utiliza metafóricamente para referirse a la copa de dolor y sufrimiento que va a experimentar. Y como Yeshua se dirige principalmente a Jacobo y Juan, les está diciendo que van a experimentar dolor y sufrimiento, lo cual finalmente les sucedió a ambos, pero de distintas maneras. Juan, probablemente el autor del Evangelio de Juan, de las epístolas de Juan y también del libro de Apocalipsis, sufrió muchísimo, pero murió por causas naturales cuando tenía más de 90 años, hasta donde sabemos. Jacobo murió como mártir pocos años después de Cristo, en el año 44 d. C. Para ser claros: este Jacobo no es el Jacobo que era hermano de Jesús, ni es probable que fuera quien escribió el libro de Jacobo. Es prácticamente seguro que el libro de Jacobo fue escrito por el hermano de Yeshua llamado Jacobo (cuyo nombre en realidad no era James, sino Jacob).
Yeshua continúa diciendo que en realidad no le corresponde a Él determinar quién ocupará los lugares de honor dentro del movimiento de Jesús o del Reino de los Cielos. Más bien, una vez más, se remite a Su Padre. Esto no era una muestra de deferencia por mera cortesía, sino que se debe a que en todos los relatos evangélicos se presenta una jerarquía clara de autoridad divina, comenzando por Dios Padre como cabeza y Yeshua como subordinado Suyo. Pero, naturalmente, como señala el versículo 24, los demás discípulos se enfurecieron por lo que Jacobo y Juan intentaban hacer. Como grupo, los discípulos ya habían recorrido ese camino al menos una vez en el debate sobre «quién es el mayor», y ahora vuelve a surgir. ¿Estaban indignados por el momento elegido para semejante petición, inmediatamente después de que Yeshua les dijera que iba a sufrir una muerte horrible? No. Era porque Jacobo y Juan se habían acercado a Jesús buscando que se les concedieran honores y posiciones especiales que naturalmente los colocarían por encima de los otros 10, si Jesús hubiera accedido.
Puesto que Yeshua ya les ha enseñado cómo el Reino de los Cielos funcionará de manera inversa a los sistemas del mundo actual, muestra paciencia y les da un ejemplo de por qué está mal competir entre ellos por el estatus. Les dice que observen cómo gobiernan los gobernantes gentiles. Primero están los poderosos que dominan a sus pueblos. Y luego hay gobernantes todavía más poderosos que gobiernan sobre los gobernantes. Es una lucha despiadada acompañada de interminables disputas por el poder. Estos gobernantes gentiles gobiernan con puño de hierro y no lo hacen para beneficio de sus gobernados, sino para el suyo propio. En una frase breve, creo que lo que mejor describe la forma de gobernar de los gentiles, según Cristo, es que están ávidos de poder. Por consiguiente, en el Reino de los Cielos, el gobierno y los gobernantes tendrán que comportarse de manera opuesta, porque tendrán una mentalidad opuesta. En el Reino, quien quiera dirigir deberá hacerlo como servidor de los demás. Esto refleja la cualidad que Yeshua dijo anteriormente que deben mostrar todos los que quieran ser miembros… y líderes… del Reino: la humildad.
CJB Mateo 18:1 En aquel momento, los talmidim se acercaron a Yeshua y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?». 2 Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos 3 y dijo: «¡Sí! Les digo que, a menos que cambien y se vuelvan como niños pequeños, ni siquiera entrarán en el Reino de los Cielos. 4 Por lo tanto, el mayor en el Reino es quien se humilla como este niño».
Volvamos a Mateo 20:26. La mención de que el líder debe ser esclavo o servidor de los demás no se refiere a un esclavo comprado que tiene derechos mínimos. Más bien, significa alguien que sirve a los demás y, en este caso, el servicio es voluntario. Para completar la idea, Jesús vuelve a las palabras que utilizó para concluir Su parábola del agricultor justo, cuando dijo que los primeros serían últimos y los últimos, primeros. Dice: «…el que quiera ser el primero entre ustedes deberá ser su servidor».
En el versículo 28, Yeshua explica con mayor detalle quién es Él, cuál es Su propósito actual y cómo están conectadas ambas cosas.
28 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida como rescate por muchos».
Una de las cosas que está diciendo es: «Sean como Yo». «Tómenme como su modelo». Pero también añade que la razón y el propósito de Su existencia y de Su muerte es ser un «rescate por muchos». Como creyentes, cristianos o mesiánicos, la mayoría de nosotros pensamos que comprendemos bastante bien lo que eso significa. Sin embargo, no es tan sencillo ni tan claro como podrían creer.
El término «rescate» en griego es lutron. Presenta la idea de una liberación mediante un pago y, en el mundo romano, se refería principalmente a un siervo obligado que pagaba para salir de su servidumbre, o a un prisionero de guerra cuya libertad se compraba por un precio. En el mundo hebreo se refería más a cosas como el pago del impuesto del Templo de medio siclo, el precio pagado por el primogénito para rescatarlo de Dios o, en tiempos de Moisés, el pago de dinero como alternativa a perder la vida si alguien había matado a otra persona. En Levítico 25:26, el concepto se extendía incluso a las propiedades que podían recomprarse a un acreedor.
No debemos permitir que el idioma griego de los relatos evangélicos nos lleve a pensar que los judíos, Cristo y Sus discípulos pensaban en términos griegos y romanos. Más bien, lo que se está diciendo se expresa en términos hebreos dentro de una cultura hebrea; por tanto, debemos pensar en el significado de rescate más bien desde el propósito del sacrificio levítico asham. Es decir, como algo basado en la Torah… la Ley de Moisés… como un pago ritual para aplacar a Dios por la comisión de un pecado. Sin duda, los cristianos suelen referirse a la ejecución de Cristo en una cruz como un sacrificio por nuestros pecados y, por tanto, consideran que ya no se necesita ningún otro sacrificio (como los de animales sobre el altar). Y creo que eso es correcto hasta cierto punto. Sin embargo, con demasiada frecuencia pensamos en la palabra «sacrificio» en términos de un acto desinteresado en el que renunciamos a algo que queremos o necesitamos para que otra persona se beneficie. Por ejemplo, como padres quizá renunciemos a unas vacaciones necesarias y utilicemos ese dinero para pagar algo que nuestro hijo desea o necesita mucho. Sin embargo, este no es el sentido hebreo de la palabra «sacrificio» o «rescate». Para ellos era algo más literal y de orientación espiritual. Tenía que ver con cumplir la Ley de Moisés, generalmente mediante la presentación de un animal inocente que sería quemado sobre el altar del Templo para tratar su pecado.
La ofrenda sacrificial asham es lo que prefiero llamar en inglés Ofrenda de Reparación, porque quien adora a Dios paga una reparación para aplacarlo por un pecado que cometió contra Él. Tiene que ver con la mala conducta: cosas que hacemos mal a los ojos de Dios y por las que debemos pagar un precio para compensarlo. La buena noticia era que la compensación requerida consistía en un animal cuya vida sustituía la vida del pecador. Lo realmente interesante del sacrificio asham es que, al realizar este tipo particular de sacrificio, el resultado es el perdón de la transgresión… del pecado. Por tanto, este es el sentido que debemos dar a lo que Yeshua quiso decir cuando afirmó que entregaría Su vida como rescate por muchos. Su vida se entregaba como pago de reparación, como el sacrificio asham por muchos… el pago que se le debía a Dios por nuestra mala conducta, nuestro pecado… en favor de todos los que confían en la capacidad de Cristo para hacerlo.
Todo lo que hemos estado leyendo y lo que he estado enseñando parece apuntar muy claramente a la interpretación y el uso que Yeshua hace de Isaías 53 (siendo Isaías el profeta que Él citó y parafraseó con mayor frecuencia). Isaías 53 es una de las descripciones más dramáticas que existen en la Biblia sobre por qué necesitamos un Salvador y lo que nuestro Salvador soportaría. Busquen ese capítulo en sus Biblias y síganme en la lectura.
LEER ISAÍAS 53 COMPLETO
Ciertamente, no todas las preguntas que se nos podrían ocurrir quedan respondidas en la declaración de Yeshua sobre Su muerte y resurrección. Como señalan Davies y Allison, hasta ahora Mateo no explica exactamente cuál es la condición de «los muchos» que hace que necesiten el sacrificio de Cristo. ¿O quiénes son esos muchos? ¿Por qué es necesario pagar un rescate, especialmente si la Ley de Moisés establecía un sistema de sacrificios de animales que funcionaba plenamente en tiempos de Cristo? ¿A quién se paga el rescate? Algunos de los primeros escritores cristianos y Padres de la Iglesia, como Juan de Damasco, dijeron que el rescate se pagaba a Dios. Otros, como Orígenes y Gregorio, dijeron que se pagaba a Satanás. ¿Era el perdón ofrecido mediante la muerte de Yeshua efectivo para las personas inmediatamente o solamente en el momento del Gran Juicio?
En nuestros días miramos retrospectivamente el sacrificio de Yeshua y meditamos en oración sobre las preguntas que surgen de él. Sin embargo, para las personas de la época de Yeshua, semejante sacrificio no consistía en reflexiones mentales sobre su significado espiritual, sino que el sacrificio ritual era una conducta requerida por la Ley de Moisés que exigía acción y participación personales. Lo hacían porque, como judíos observantes, se suponía que debían hacerlo. Y uno no puede evitar preguntarse: ¿quiénes obtuvieron realmente el mayor beneficio? ¿Aquellos que, como nosotros, podemos sentarnos a leer la Biblia histórica y reflexionar alegremente sobre el significado espiritual del acto de Cristo y lo que ha hecho por nosotros? ¿O aquellos hebreos que debían afrontar un viaje al Templo, los costos que implicaba y la desagradable y sangrienta experiencia de la muerte de un animal, que caracteriza la naturaleza verdadera y terrible del sacrificio?
Antes de pasar a la siguiente sección de Mateo, capítulo 20, me gustaría que consideraran lo siguiente. En este capítulo y en los anteriores hemos descubierto una serie de cosas que Cristo dice a Sus discípulos y que revelan quién es Él y lo que va a hacer. Será rey sobre el Reino de Dios, beberá de una copa de dolor y sufrimiento, morirá en un madero de ejecución romano con participación tanto de judíos como de gentiles, vino para ser servidor de las personas para beneficio de ellas y no para dominarlas como un dictador gentil, y sacrificará voluntariamente Su propia vida por un bien mayor… por los muchos. Estas cosas fueron dichas en diferentes contextos, tanto en el sentido literal sencillo (P'shat) como en un sentido de indicio más profundo (Remez), y algunas de Sus acciones afectarían la vida de ciertas personas inmediatamente, mientras que otras lo harían en un momento futuro (cuánto tiempo después no estaba claro). Por tanto, extraer su significado necesariamente puede ser difícil, y esto ha dado lugar a decenas, si no cientos, de doctrinas cristianas que intentan encajar las piezas de este complejo rompecabezas.
Pero Mateo esperaba que sus lectores judíos unieran esas piezas de información a la luz de su propia historia hebrea y de acuerdo con lo que les decía el libro sagrado que poseían desde hacía muchos siglos, el Tanakh (el Antiguo Testamento). Mateo preveía que estos creyentes judíos podrían establecer por sí mismos las conexiones complejas, pero a veces difusas, que a menudo resultan difíciles de establecer para un cristiano común (incluso para un estudioso de la Biblia). Por eso Mateo no se esforzó en explicar esas conexiones ni en analizarlas para su público judío. Con demasiada frecuencia, los maestros cristianos de la Biblia y los pastores ordenados se apartan rápidamente de las palabras inspiradas de los Evangelios y, en cambio, encuentran maneras de redirigir el significado de esas palabras inspiradas que se les escapa, convirtiéndolas en alegorías que sirven para contar buenas historias y pronunciar sermones conmovedores, pero que no necesariamente reflejan la intención original de lo que se está tratando de comunicar. Solamente cuando nos esforzamos por comprender la Biblia… tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento… en sus distintos contextos históricos, podemos comprenderla correctamente.
El acontecimiento final del capítulo 20 vuelve a tratarse de una sanidad milagrosa realizada por Jesús. Se nos dice que, mientras Jesús, Sus discípulos y una multitud que lo había estado siguiendo salían de Jericó para comenzar su empinada subida a Jerusalén, dos ciegos que estaban sentados junto al camino gritaron para llamar la atención de Yeshua. Estos hombres ciegos no estaban sentados allí como viajeros que descansaban camino de la fiesta de la Pascua, sino como mendigos situados en un lugar estratégico: un camino muy transitado. Los ciegos, al igual que las personas con otros tipos de discapacidad, normalmente tenían una sola manera de sobrevivir, y era mendigando. En una escena que recuerda un encuentro anterior de Yeshua con los ciegos, gritaron: «Hijo de David, ten compasión de nosotros». La compasión que buscaban consistía en que este sanador milagroso, ampliamente conocido, los curara de su ceguera. Vale la pena repetir que el apelativo «Hijo de David» no se utilizaba en un sentido mesiánico, sino que invocaba el nombre y el espíritu de Salomón (hijo de David), de quien la tradición decía que también era un sanador milagroso. Asimismo, vale la pena repetir que, hasta los últimos dos capítulos, Mateo ha presentado su visión de Jesús principalmente como un sanador milagroso y un transmisor de gran sabiduría. Solamente recientemente Mateo ha añadido el papel de Mesías, y todo lo que este implica, a la lista de características y propósitos de Cristo.
Se dice que la multitud reprendió a los mendigos ciegos por gritar de esa manera, considerándolos una molestia. Pero los mendigos respondieron desafiante y gritaron todavía más fuerte. Con Su habitual preocupación por los desfavorecidos y las personas con discapacidad, les preguntó qué querían de Él. Ellos dijeron: «Señor, abre nuestros ojos». Ahora bien, ciertamente resulta tentador para los creyentes alegorizar esta breve frase y darle un significado espiritual muy intenso. Primero, es incorrecto pensar que al decir «señor» estos ciegos estaban llamando a Jesús Señor en el sentido en que lo hacen hoy los cristianos. Más bien, para ellos «señor» equivalía a decir «señor» como tratamiento de respeto, no como título de divinidad. Segundo, al decir «abre nuestros ojos», lo decían de manera completamente literal. Ya no querían ser ciegos. Buscaban una apertura física de los ojos, no espiritual. Desafortunadamente, con mucha frecuencia se afirma que este pasaje significa que los ciegos estaban espiritualmente ciegos y que eso fue lo que Yeshua sanó.
Aun así, Yeshua se inclinó, les tocó los ojos y fueron sanados al instante, de modo que pudieron ver. Como respuesta, se nos dice que lo siguieron. Una vez más, debemos tener cuidado de no atribuir a esa declaración algo que probablemente no quiere decir. Seguirlo significaba casi con toda seguridad seguirlo literalmente, tal como ha significado hasta ahora en el Evangelio de Mateo. De ninguna manera se nos dice que (como cuando le propuso al rico que lo vendiera todo y lo siguiera) parte de la sanidad de estos dos ciegos consistiera en que después Él les tendiera la mano y les dijera: «Síganme». Muy probablemente lo siguieron porque Yeshua se dirigía a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y estaban emocionados por poder participar en esa fiesta, quizá por primera vez en años… o incluso en toda su vida.
La próxima semana abriremos el capítulo 21 y conoceremos lo que es mejor conocido como la Entrada Triunfal.