LIBRO DE MATEO
Lección 25, Capítulo 7 continuación 2
Mateo capítulo 7 concluye el Sermón del Monte que comenzó en el capítulo 5. Espero que, llegados a este punto, se esté adquiriendo una mejor comprensión acerca del contexto y la intención del largo discurso de Yeshua; un contexto que ha sido presentado incorrectamente durante siglos. El contexto promovido por el cristianismo institucional desde el siglo IV es que el Sermón del Monte fue el acontecimiento mediante el cual Cristo abolió la Ley de Moisés y la reemplazó con la Ley de Jesús. Sin embargo, una lectura intelectualmente honesta y directa de esos 3 capítulos cuenta una historia diferente. El verdadero contexto es el de una extensa enseñanza sobre la Torá bíblica que Yeshua hizo ante una gran multitud compuesta mayormente por judíos de la Tierra Santa. Su clara intención no solo es separar la Palabra de Dios de las Tradiciones hechas por el hombre y de las interpretaciones incorrectas (o quizás incompletas), sino también instruir a Su pueblo sobre la realidad de que el Reino de los Cielos ha llegado y, por lo tanto, las instrucciones bíblicas de Dios deben ser tomadas a la luz de esa realidad. Para la mayoría de los judíos que la escucharon y tomaron la enseñanza en serio (incluyendo a los 12 Discípulos), esto significaba que el Fin de los Días estaba casi sobre ellos. La urgencia de los 12 Discípulos es evidente en los escritos de Pedro y Juan y, posteriormente, de Pablo. Más adelante, en otro contexto, Yeshua enseñará una serie de parábolas que intenta explicar con mayor profundidad cómo es el Reino de los Cielos y, por lo tanto, cómo esto afecta a las personas tanto desde una perspectiva espiritual como desde una terrenal y física.
Cristo anticipa que no solo algunos de la multitud dudarán de la veracidad de algunas de las cosas que Él está enseñando, sino también que habrá personas que vendrán después para tratar de deshacer o difamar las verdades que Él ha enseñado…… algo así como la versión del siglo I de las Noticias Falsas. Por eso, en el versículo 15, Jesús advierte acerca de los falsos profetas…. los productores de las Noticias Falsas…. y los describe como lobos vestidos de ovejas. Es decir, estos lobos no son líderes religiosos judíos que están intentando enseñar correctamente la Biblia hebrea pero que han entendido mal alguna parte de ella. Más bien, son líderes religiosos y fanáticos….. primero judíos y después, unos pocos años más tarde, gentiles…. que se disfrazan de una cosa, pero en realidad son otra. Su método de trabajo es el engaño. Pero, además, estos lobos no serán demasiado fáciles de identificar porque la vestimenta de oveja que llevan es la de judíos piadosos que asisten a las sinagogas, practican los rituales y, al menos exteriormente, obedecen la Ley de Moisés.
Abran sus Biblias en Mateo 7 y comenzaremos a leer en el versículo 15.
VOLVER A LEER MATEO 7:15 (hasta el final)
La última vez hablamos exactamente de lo que era, y no era, un profeta en los días de Yeshua. En lugar de repasarlo nuevamente, lo resumiré brevemente. Primero, no debemos pensar en términos de los profetas del Antiguo Testamento, casi todos los cuales operaban en relación con uno u otro rey de Israel. Segundo, en general tampoco debemos pensar en un profeta que trae un oráculo nuevo y diferente de parte de Dios (es decir, que viene diciendo: «así dice el Señor»). Y tercero, mientras que Dios en ocasiones mostraba a un profeta del Antiguo Testamento una visión del futuro, esto ya no ocurría en los tiempos de Yeshua, excepto quizás en el caso de Juan, quien escribió Apocalipsis. Los judíos creían que el canon de la Biblia estaba cerrado. No había nuevos escritos que debieran considerarse al nivel de inspiración de la Biblia hebrea, que no había tenido adiciones en unos 4 siglos. Por lo tanto, un supuesto profeta del Nuevo Testamento era esencialmente un maestro de la Biblia. Enseñaban sobre lo que ya existía. Eran maestros religiosos judíos que defendían e interpretaban la Palabra de Dios….. todavía dentro del ámbito de lo que hoy llamaríamos un Pastor o un Rabino. Creo que Pablo, después de su encuentro con el Cristo resucitado, personificaría lo que las personas de su época llamarían un profeta. Algunos de los profetas impulsaban más las agendas y Tradiciones de su grupo o sus creencias particulares. Por lo tanto, los falsos profetas eran aquellos que engañaban a las personas y no enseñaban la verdad. La expresión sumamente negativa de un lobo vestido de oveja era completamente comprendida en la cultura judía y probablemente también en toda la cultura romana, ya que fue creada y escrita por primera vez en el siglo VI a.C. como una de las Fábulas de Esopo. Así que no es que Yeshua haya creado una nueva expresión, sino que hizo uso de una que era común. Lo único nuevo es que Él la aplica a los falsos profetas que vienen para destruir la fe y robar las almas del pueblo de Dios.
Esto trae a colación otra cosa: claramente, para Yeshua (y para Mateo), los falsos profetas eran un problema en aquellos días. Este no era un asunto teórico o hipotético. Marcos, Pedro y Juan hablaron acerca del problema, y también lo encontramos tratado en la Didaché. Debido a que estos falsos profetas se disfrazan de ovejas (es decir, como uno del pueblo de Dios que es honesto, amable y de la fe), puede ser bastante difícil saber qué profetas merecen ser escuchados y cuáles deben evitarse….. no llevaban etiquetas con sus nombres. Por eso, en el versículo 16, Cristo les dice a Sus seguidores cómo distinguir entre los verdaderos profetas (como Pablo, Pedro y Juan) y los falsos profetas a partir de sus apariencias externas. Quiero enfatizar que esto se refiere a las apariencias externas. No tenemos una manera práctica de saber qué hay en la mente de una persona; es decir, necesitamos algún medio para descubrir qué hay debajo de la piel de oveja. El método de Cristo es bastante sencillo: «Por sus frutos los conocerán».
Conocerlos por sus frutos significa identificarlos de acuerdo con lo que hacen. NO significa identificarlos por su éxito o falta de éxito (según los estándares terrenales). Permítanme expresarlo en términos modernos y contundentes: no significa que si un pastor está al frente de una iglesia en crecimiento de 10,000 personas, eso sea una prueba positiva de que necesariamente es un verdadero profeta. Por lo tanto, un pastor de una iglesia pequeña de 50 personas sería un falso profeta. Tampoco significa que si un maestro de Biblia es rico y vende toneladas de libros, eso sea prueba de que es un verdadero profeta, mientras que un maestro de Biblia que es pobre y apenas logra subsistir sea un falso profeta. Tampoco lo contrario es cierto en ninguno de estos ejemplos. El término «fruto» significa, ante todo, fruto espiritual que se manifiesta en hechos y obras; ya sean de carácter malo o bueno.
El buen fruto espiritual no significa solamente las cosas que no podemos ver y que se manifiestan únicamente en el Cielo. Significa el tipo de fruto que está de acuerdo con la voluntad de Dios y que se basa en Su verdad y en Sus instrucciones para nosotros. Significa las cosas justas que hacemos en la tierra y que resultan de un motivo e intención impulsados por el Espíritu Santo. Así que, a continuación, Cristo nos da algunos ejemplos sencillos de la naturaleza acerca de cómo funciona esto. Noten cómo Cristo utiliza constantemente la naturaleza para ayudar a explicar lo complejo y lo etéreo. Esto se debe a que el mismo Creador de lo etéreo también creó lo físico. Así que, mientras que en un sentido lo etéreo y lo físico son dos ámbitos diferentes, en otro sentido ambos están hechos de la misma materia, de modo que los principios de Dios que gobiernan ambos ámbitos operan sobre la misma base. Por lo tanto, el ámbito natural y físico que nos rodea (un ámbito que nosotros, los seres humanos, estamos hechos para percibir) sirve como una buena ilustración y explicación del ámbito etéreo, que no podemos ver, tocar ni escuchar con nuestros sentidos humanos.
Existe otra buena razón para utilizar el mundo natural para explicar lo sobrenatural: permanece verdadero sin importar cuánto tiempo pase y sin importar la cultura. Es decir, el tiempo, el lugar y el idioma no cambian sus realidades ni su verdad. Por lo tanto, tampoco cambian las realidades ni la verdad acerca de cómo detectar a una serpiente religiosa escondida entre la hierba que se hace pasar por un pequeño e inofensivo conejito. Y lo que Yeshua propone es que hagamos nuestro juicio acerca de estos profetas basándonos principalmente en lo que los vemos hacer. Sin embargo, incluso esto supone que primero conocemos suficientemente bien la Palabra de Dios como para saber qué es correcto y qué es incorrecto, qué es bueno y qué es malo, qué es falso y qué es verdadero. Esta es la razón por la cual Cristo primero pasó varias horas instruyendo a la multitud en la interpretación correcta de la Torá de Dios antes de decirles cómo reconocer a un falso profeta.
El primer ejemplo de cómo un miembro de la congregación de Dios debe juzgar el fruto de un profeta consiste en señalar lo obvio a partir de la naturaleza: un arbusto de espinos (una cosa inútil que puede hacerte daño) no puede producir uvas comestibles y deliciosas. Y los cardos espinosos (otra cosa inútil y molesta) no pueden producir higos comestibles y deliciosos. Las uvas y los higos son símbolos de cosas justas. Pero quizás el principio más profundo es lo que podemos llamar «lo semejante produce lo semejante». La luz produce iluminación. La oscuridad produce oscuridad. El mal produce maldad, y el bien produce justicia. No puede ser de otra manera. De alguna manera, me resulta interesante que Cristo continúe con esta línea de pensamiento porque es extremadamente sencilla y evidente; difícilmente era un pensamiento complejo o nuevo. Sin embargo, Él continúa. ¿Por qué? Porque como seres humanos tenemos la tendencia a complicar demasiado las cosas y a encontrar maneras de evadir asuntos que son claramente cuestionables o incluso obviamente incorrectos, pero preferimos no enfrentarlos porque encontramos algún tipo de beneficio en ello. Permítanme expresarlo en términos que, en algún momento, la mayoría de los cristianos adultos han enfrentado personalmente o al menos han escuchado. Un Pastor que es profundamente amado por su congregación hace cosas malas y enseña cosas equivocadas, pero se le deja pasar porque es alguien tan amado y reverenciado que la congregación siente que no puede ser tan malo como para no creerle y seguirlo. Todos hemos oído hablar de un Pastor que ha robado de su iglesia; o cometido adulterio o abusado sexualmente de un niño. Y, sin embargo, algunas veces inmediatamente la congregación corre en su defensa, declara que está perdonado y luego sigue adelante ciegamente, dispuesta a continuar creyendo cada una de sus declaraciones acerca de la Palabra de Dios. No existe mejor ejemplo de ignorar el principio de Cristo de «lo semejante produce lo semejante»; es decir, la incapacidad inherente de un cardo para producir higos.
Y para que los oyentes de Jesús no se concentren demasiado en los detalles y piensen que Cristo está diciendo que este principio se aplica únicamente a determinadas situaciones, Él lo amplía a algo casi universal al decir: «De igual manera, un árbol sano produce buen fruto y un árbol enfermo produce mal fruto». En otras palabras, Sus primeros ejemplos utilizaban casos de la naturaleza donde los arbustos silvestres no producen frutos bajo ninguna circunstancia; no son semejantes a aquello que se espera de ellos. ¿Quién iría a buscar uvas en un arbusto de espinos? Ni siquiera un niño pensaría en hacer eso. Nadie lo haría porque no corresponde a lo semejante con lo semejante. Por lo tanto, la enseñanza es esta: no pasen por alto lo obvio. Hoy lo expresamos de otra manera. Si parece un pato, camina como un pato y habla como un pato….. probablemente sea un pato. Y, sin embargo, hay quienes mirarán al pato y verán un cisne. Permítanme darles un ejemplo extremo, pero real: Adolfo Hitler. Hitler fue desde el comienzo de su carrera política un tirano y un monstruo evidente; y, sin embargo, profesaba el cristianismo. Y debido a que la Iglesia luterana era tan prominente en Alemania, y debido a que era abiertamente antisemita en su teología, Hitler afirmó que era su deber piadoso, entre otras cosas, librar al mundo de los «asesinos de Cristo»: los judíos. Por lo tanto, la Iglesia luterana lo apoyó, al igual que, al principio, la Iglesia católica por razones similares.
Pero ahora, en los versículos 17 y 18, estamos tratando con algo menos evidente. Estamos tratando con algo que, a primera vista, parece ser una situación de «lo semejante produce lo semejante». Tenemos árboles frutales haciendo aquello para lo cual Dios los diseñó: producir fruto. Y, sin embargo, todos saben que no todos los árboles frutales producen buen fruto. Algunos fracasan en aquello para lo cual fueron diseñados. El fruto aparece como se esperaba, pero nunca se desarrolla completamente o se desarrolla aparentemente de manera normal, de modo que no tiene buen sabor. El problema es que la persona promedio no sabrá si el fruto es bueno o malo hasta que lo pruebe. Por lo tanto, esta es una situación aún más peligrosa que el primer ejemplo de los arbustos de espinos y los cardos. De ahí la ilustración de que un árbol malo (un árbol mal desarrollado) no puede producir frutos sabrosos, y un árbol bien desarrollado no puede producir frutos incomestibles (y viceversa). Así que el principio de «lo semejante produce lo semejante» se aplica, pero con mayor matiz.
Esta no es una idea nueva, pues la encontramos primero en el Libro de Job.
CJB Job 14:4 4 ¿Quién puede sacar algo puro de algo impuro? ¡Nadie!
Y posteriormente en la Biblia, en Juan.
CJB 1 Juan 3:9 9 Nadie que tenga a Dios como Padre continúa pecando, porque la semilla plantada por Dios permanece en él. Es decir, no puede continuar pecando, porque tiene a Dios como Padre.
Ahora permítanme desafiarlos un poco mientras predico un poco. ¿Debemos entender las declaraciones de Cristo, de Job y de Juan como que significan que ha ocurrido una especie de predeterminación rígida, de modo que el ámbito humano está dividido en 2 partes y aquellos que habitan en cada parte nunca pueden cambiar de opinión y pasar a la otra? ¿Quiso decir Yeshua que un árbol malo nunca puede convertirse en un árbol bueno? ¿O que un árbol bueno nunca puede dejar de ser un árbol bueno? Esto no es un asunto menor, porque esencialmente esa es, por ejemplo, la base del calvinismo. El Padre de la Iglesia primitiva Crisóstomo reflexionó profundamente sobre este asunto problemático y llegó a la siguiente conclusión en su comentario sobre el Libro de Mateo:
«Cristo no dice esto: que para los malvados no existe manera de cambiar, o que los buenos no pueden caer; sino que mientras viva en maldad, no podrá dar buen fruto. Porque ciertamente puede cambiar hacia la virtud, siendo malo; pero mientras continúe en la maldad no dará buen fruto».
Estoy completamente de acuerdo con la declaración de Crisóstomo. No debemos tomar las declaraciones de Yeshua, en las que utiliza ejemplos naturales para explicar principios espirituales, como absolutos o como factores determinantes únicos, sino que deben entenderse como generalizaciones. Las personas malvadas pueden cambiar, al igual que las personas buenas pueden cambiar. Quizás deberíamos pensar en estas declaraciones de una manera similar a como pensamos en un proverbio. Es decir, sabemos que es una buena regla general por la cual vivir nuestras vidas; pero puede haber excepciones y, por lo tanto, no necesariamente es verdad el 100% del tiempo. Y lo mismo ocurre con la conclusión que Cristo ofrece en el versículo 20: «Así que por sus frutos los conocerán».
Pero antes de ofrecer esa conclusión, Él dice algo que siempre debería estar en primer plano de nuestros pensamientos y acciones. Se trata de que los árboles frutales que no producen buen fruto son cortados y quemados. Al vivir en Florida, en una región dedicada a los cítricos, ese hecho es abundantemente evidente porque algunos de los árboles cítricos plantados en los grandes huertos simplemente nunca producen el fruto sabroso que se espera de ellos, y por eso literalmente son cortados y quemados. Yeshua está hablando del juicio…. o mejor dicho, del Juicio Final. Para ser claros: se está hablando de un juicio de los Últimos Tiempos; no significa que un falso profeta, o alguien que no produce buen fruto, necesariamente experimentará una calamidad divinamente orquestada durante su vida como consecuencia de ello. Pero sí alude a la idea de que todos los que siguen a Cristo deben producir buen fruto. Y, por lo tanto, quienes no lo producen son falsificaciones. Recuerden: el buen fruto es evidencia de justicia y el mal fruto, o la ausencia de fruto, es evidencia de un seguidor falso. Naturalmente, no todos producirán el mismo fruto ni en la misma cantidad; más bien, será conforme a nuestros dones y talentos individuales, y también de acuerdo con la voluntad y el propósito explícitos de Dios para nuestras vidas. Entonces, creyentes: ¿están produciendo fruto? ¿Es buen fruto? ¿O quizás no están produciendo ningún fruto? Un árbol frutal que no produce fruto está igualmente sujeto al juicio que uno que produce mal fruto.
También debemos reconocer que algunos falsos profetas serán tan buenos engañando que quizá nunca sean descubiertos; o no serán descubiertos sino hasta que sea demasiado tarde. Creo que podría ser que finalmente lleguen a convencerse a sí mismos de que son verdaderos profetas, cayendo así en la trampa construida por su propio engaño. David Koresh, el líder de aquel extraño culto religioso de Waco, Texas, cuyas enseñanzas y acciones finalmente costaron tantas vidas, podría ser un buen ejemplo de esta clase de falso profeta. Retrocediendo un poco más, hasta finales de la década de 1970, otro falso profeta llamado Jim Jones condujo a más de 900 personas, incluido él mismo, a un asesinato/suicidio masivo. Aunque no quiero llevar esto demasiado lejos, creo que lo que a todos nos preocupa es el fruto en el contexto religioso. Así que, en el contexto religioso de nuestras vidas (y uso el término religioso de manera amplia), ¿podemos realmente saber siempre por sus hechos cuándo un Pastor o un Rabino nos está diciendo la verdad de Dios y con una motivación pura como un verdadero profeta? Permítanme darles un ejemplo de lo que quiero decir dentro de la esfera cristiana convencional.
A lo largo de los siglos, la fe cristiana ha sido profundamente permeada por enseñanzas falsas y doctrinas erróneas. Yo diría que, por muy profundamente erudito que haya sido Martín Lutero, su prejuicio profundamente arraigado contra los judíos no pudo mantenerse como algo meramente personal; se desbordó especialmente en sus escritos posteriores acerca de su fe. Y así, la gran denominación eclesiástica que evolucionó de su separación de la Iglesia católica naturalmente adoptó las enseñanzas y creencias de su homónimo. En el núcleo de esas enseñanzas existe un sentimiento antijudío no tan sutil que impregna muchas doctrinas luteranas de larga tradición de maneras que sus congregaciones a menudo no reconocen. Esas doctrinas eliminan a Israel y a los judíos como el precioso tesoro de Dios y lo transfieren a los cristianos gentiles. Separan a los judíos de su tierra natal, Israel. Presentan a Cristo como si realmente no fuera judío, sino más bien como una especie de hombre genérico. Presentan a Jehová como el Dios del Antiguo Testamento de los judíos, y a Cristo como el Dios del Nuevo Testamento de la Iglesia gentil….. y mucho más. Entonces, ¿era Lutero un árbol malo que producía mal fruto? ¿Era un árbol bueno que producía buen fruto….. pero también algo de mal fruto? ¿Cómo podemos saberlo?
En la época de Lutero y durante mucho tiempo después, las Biblias eran difíciles de conseguir para el hombre común (la mayoría de los cuales, de todos modos, no sabía leer en el mundo gentil de su época). Así que quizás el hombre común que tenía poco en qué basarse acerca de lo que realmente decía la Biblia, aparte de lo que le enseñaban sus Pastores, podría recibir cierta indulgencia. Pero ¿qué hay de hoy? ¿Qué hay de los últimos 100 años o más en Occidente, cuando las Biblias han estado fácilmente disponibles y a precios que van desde asequibles hasta gratuitos? ¿No tiene el hombre común moderno los medios al alcance de nuestras manos para leer la Biblia y aprender por nosotros mismos qué constituye las instrucciones de Dios frente a lo que los hombres, del pasado o del presente, afirman? El hecho de que tantas doctrinas abiertamente falsas todavía se enseñen desde los púlpitos como verdad bíblica, y que las congregaciones las acepten sin vacilación como verdad, debería decirnos que relativamente pocas personas están suficientemente interesadas como para buscar la verdad en la Biblia y comprobar lo que se les está diciendo. Y con tanta frecuencia, incluso cuando pueden descubrir en la Biblia escrita una verdad que contradice lo que se les está enseñando, continúan apoyando y formando parte de la congregación y denominación que sigue difundiendo falsedades porque estas están arraigadas en sus tradiciones mantenidas durante mucho tiempo. ¿Son estos algunos de los Falsos Profetas de los que habla Jesús?
Ven, la responsabilidad recae sobre nosotros de ir más allá de simplemente invocar generalizaciones como «por sus frutos los conocerán». ¿Cómo sé qué es buen fruto y qué es mal fruto si no he sido instruido en el asunto? No es como si lo supiera por un instinto con el que nací; más bien, ese conocimiento debe adquirirse. Y si no adquiero activamente el conocimiento de la Palabra de Dios, entonces no puedo identificar a un falso profeta por su apariencia externa (en forma de sus hechos), lo cual, al final, gira alrededor de lo que enseña (que es lo que hacen los profetas). Y de igual manera, puedo encontrar fácilmente a un verdadero profeta y rechazarlo como falso si todo lo que conozco son doctrinas hechas por hombres. Puedo escuchar la verdad, pero insistir en medirla contra las falsedades que me han enseñado y, si no coincide con lo que siempre he considerado verdad, podría rechazarla y etiquetarlo como un falso profeta. Yeshua, como el más verdadero de los profetas, llegaría a sufrir calumnias y acusaciones de ser un falso profeta; y eso tuvo mucho que ver con la razón por la cual fue ejecutado.
Ahora llegamos a uno de los pasajes más difíciles de todo el Libro de Mateo. Quiero leerlos nuevamente antes de analizarlos.
CJB Mateo 7:21-23 21 «No todo el que me diga: “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino de los Cielos; solo entrarán aquellos que hagan lo que mi Padre en el cielo quiere. 22 En aquel Día, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿No expulsamos demonios en tu nombre? ¿No hicimos muchos milagros en tu nombre?”. 23 Entonces les diré directamente a la cara: “¡Nunca los conocí! ¡Aléjense de mí, ustedes, hacedores de iniquidad!”»
Este es otro de esos pasajes bíblicos que son controversiales y que se interpretan de innumerables maneras, a menudo para que se ajusten a doctrinas predeterminadas. Desde una perspectiva general, vemos que Jesús dice que existe un segmento de la sociedad judía que Él rechazará y al cual impedirá entrar en el Reino de los Cielos. Claramente, Jesús es el guardián de la entrada al Reino y determina quién entra y quién queda fuera. Creo que es apropiado ampliar ese segmento rechazado también a la comunidad gentil, porque los seguidores de Yeshua ampliaron su alcance y evolucionaron de ser casi todos judíos a ser casi todos gentiles. La pregunta acerca de este segmento de la sociedad es: ¿cuál es su condición espiritual? ¿Son no creyentes en Cristo? ¿Son aquellos que profesan a Cristo pero en realidad son impostores y falsificaciones? ¿O son creyentes verdaderos, pero han fracasado en cumplir sus obligaciones como parte del rebaño de Yeshua? La manera en que una denominación responda esta pregunta tendrá mucho que ver con la forma en que se construyan otras doctrinas de su fe.
Quizás la parte más pertinente de las primeras palabras del versículo 21 sea entender qué quiere decir Yeshua cuando afirma que no todo el que lo llama «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos. Existen algunas posibilidades, pero creo que la manera en que Lucas lo expresa pone un énfasis más preciso.
CJB Lucas 6:46 «¿Por qué me llaman: “¡Señor! ¡Señor!”, pero no hacen lo que digo?»
En otras palabras, si no sigues lo que Cristo enseña, ¿cómo puedes darte la vuelta y llamarte seguidor? Un seguidor, por definición, sigue lo que su maestro enseña y el ejemplo de cómo vive. Esencialmente, aquí tenemos un oxímoron hebreo. Encaja con la declaración del capítulo 6, versículo 24, de que nadie puede ser esclavo de dos amos (que en sí mismo es un oxímoron). Él no está diciendo «no eres un seguidor»; está haciendo una pregunta retórica a la multitud; algo para hacerlos pensar. Algunos comentaristas bíblicos consideran que está hablando de los falsos profetas; yo no. Ciertamente ellos podrían estar incluidos dentro de este grupo que será rechazado del Reino, pero no constituyen todo el grupo ni siquiera la mayor parte de él.
Usando un poco de sentido común, ¿por qué alguien llamaría «Señor» a Yeshua si no afirmara pertenecer a Su grupo de seguidores? Para utilizar términos cristianos: solamente aquellos que forman parte de la Iglesia se referirían a Jesús como Señor. Y aunque técnicamente el término «Señor» (kurios en griego, adon o adonai en hebreo) es un término bastante genérico para mostrar respeto (como decir «señor»), Yeshua era un trabajador común de clase obrera en su época y tal título no se habría utilizado para Él excepto en el sentido en que se pretendía; en el contexto religioso. Dicho esto, no debemos pensar en este momento más allá de lo que ha sucedido hasta ahora. Yeshua no ha afirmado públicamente ser el Mesías ni el Hijo de Dios. Por lo tanto, quienes decidieron seguir a Yeshua lo habrían considerado su líder religioso elegido. Juan el Bautista también tenía sus seguidores, al igual que varios Rabinos venerados, como Shammai y Hillel. «Señor» (en el sentido de «maestro») habría sido una manera común de dirigirse a todos ellos. Aun así, incluso antes de Su anuncio público, dejó indicios de Su singularidad y de una relación con El Padre que iba más allá de ser simplemente uno entre muchos que lo adoraban y que, por lo tanto, en la expresión coloquial judía llamaban a Dios «Nuestro Padre».
Así que, dice Cristo, no me llamen su maestro si no siguen los caminos que les he establecido. Lógico. Racional. Más bien un punto de sentido común. Pero existe otro elemento en esta respuesta que, visto en retrospectiva, podemos comprender. El elemento es el papel de Yeshua como Salvador. Lo diré nuevamente: en el momento del Sermón del Monte, ser Salvador todavía no había sido presentado públicamente. Por supuesto, nosotros podemos mirar hacia atrás y ver a través de algunas de las cosas que Jesús dijo y llegar a un significado más profundo porque tenemos la ventaja no solo de la retrospectiva, sino también de contar con la historia registrada de las revelaciones de Su identidad que Cristo finalmente hizo (algunas de las cuales, incluso después de haberlas hecho, muchos judíos todavía no comprendieron). Así que, sabiendo lo que sabemos por las declaraciones posteriores de Cristo y por los escritos de Pedro, Pablo y Juan, quienes siguieron a Yeshua, podríamos legítimamente leer el versículo 21 de esta manera: «No todo el que me diga “Salvador, Salvador” entrará en el Reino de los Cielos….». El punto es que conocer Su verdadera identidad y misión, y simplemente invocar Su nombre, no salva ni indica que alguien sea salvo. Quizás no tanto en la sociedad judía, pero a lo largo de la sociedad romana, invocar los nombres de diversos dioses para distintos propósitos era algo común y habitual. Así que si alguien quería algo del Dios de los judíos, podría decidir que quizás este tal Jesús podría ser el nombre correcto que debía usar para llamar la atención de Dios y obtener respuesta a su petición.
Al mismo tiempo, nuevamente en retrospectiva, claramente para este momento (si no lo había sabido antes) Jesús sabía qué y quién era. Él iba a ser el juez en el Fin de los Días para determinar quién sería introducido en el Reino eterno de los Cielos y quién no tendría permitido entrar. Pero permítanme decir también que este es un proceso de dos etapas. El Reino de los Cielos había llegado con la aparición de Juan el Bautista. Así que aquellos que confiarían en Cristo como Salvador serían inmediatamente hechos parte del Reino que apenas comenzaba en la tierra….. tal como era. Ustedes, que hoy confían en el Mesías Yeshua, forman ahora mismo parte del Reino de los Cielos en la tierra. Y, sin embargo, es un Reino que todavía está desarrollándose hacia su cumplimiento completo, que no ocurrirá hasta que Yeshua regrese a nosotros. Así que el Reino es para los que están ligados a la tierra ahora, y para los que estarán ligados a la eternidad después.
Entonces, si invocar el nombre de Yeshua no es la manera de entrar en el Reino, ¿cuál es? El primer requisito, dice Cristo, es: «solo aquellos que hacen lo que mi Padre en el cielo quiere». Noten el término «mi Padre». Justo allí Yeshua dejó una gran insinuación que sin duda algunos de la multitud notaron, y especialmente Sus 12 Discípulos. El término correcto que un hebreo podía utilizar en ocasiones para referirse a Dios era avinu, «Nuestro Padre»….. pero nunca «mi» Padre. El término avinu también se utilizaba algunas veces para hablar de Abraham. El punto es que Cristo pasó de reconocer una relación nacional con Yehoveh a una relación familiar directa. Dios literalmente era el padre de Jesús.
Así que, sin importar cómo traduzcamos esas palabras, Jesús establece un requisito que va mucho más allá de una declaración pública de lealtad hacia Él. De hecho, la verdadera lealtad debe ser hacia el Padre de Jesús. Y más aún que lealtad, un seguidor debe ser alguien que hace. Sí, creyentes, esto significa que la agradable y cálida sensación que obtenemos al confiar en Cristo no es suficiente. Debemos ser activos. Debemos buscar la voluntad del Padre y llevarla a cabo. Y esa voluntad va mucho más allá del acontecimiento de nuestra salvación. Claramente, el hermano biológico de Yeshua, Ya’akov (conocido mejor en nuestras Biblias como Santiago), recibió este mensaje alto y claro y comprendió su gran importancia.
CJB Santiago 2:14 14 ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga que tiene fe pero no tenga acciones que lo demuestren? ¿Puede tal «fe» salvarlo?
La respuesta de Yeshua a la pregunta retórica que hace Santiago es: «no». No es que las buenas obras produzcan la salvación. Es que la evidencia de la salvación produce buenas obras. Y por buenas obras me refiero a actos justos que han sido motivados por la voluntad del Padre. Solo una fe acompañada de actos justos es una fe auténtica.
El versículo 22 continúa el pensamiento con:
CJB Mateo 7:22 En aquel Día, muchos me dirán: «¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿No expulsamos demonios en tu nombre? ¿No hicimos muchos milagros en tu nombre?»
El término «aquel Día» es una expresión hebrea que significa el Día del Juicio, también llamado el Día del Señor. Es el día en que todo ser humano tendrá que presentar ante Dios un informe de su vida…. y afrontar las consecuencias o las recompensas por ella. Y aquí vemos a Yeshua esencialmente reclamando el estatus de agente de Dios para ser ese juez. Sin duda, las personas sentadas delante de Cristo captaron esto, y algunos lo habrían aceptado mientras que la mayoría se habría burlado y murmurando ante semejante pensamiento. Así que el contexto y el escenario para el personaje que está presentando su defensa ante Yeshua es que está de pie delante del Gran Juez al Final de los Días. Y su argumento para ser aceptado en el Reino es que profetizó, expulsó demonios y realizó milagros en el nombre de Yeshua. Una vez más, los actos y las obras no son la prueba determinante de nuestra salvación.
Siempre ha habido un desacuerdo considerable acerca de lo que significa hacer cosas en el nombre de Cristo. Podría significar varias cosas.
Podría significar en la autoridad y el poder de Yeshua.
Podría significar que si alguien puede hacer cosas similares a las que hizo Cristo, entonces quizás esa persona sea Cristo que ha regresado.
Quizás significa que los falsos profetas y las falsificaciones utilizan el nombre de Cristo simplemente para obtener acceso a las congregaciones de creyentes.
Tal vez, al igual que hacen los paganos, el nombre de Jesús se utiliza como una palabra mágica o una fórmula de invocación.
Mi opinión es que significa todas estas cosas. Significa utilizar Su nombre para cualquier propósito falso o perverso que alguien pueda tener. Y claramente, en el versículo 22, aquellos que enseñan en el nombre de Cristo, expulsan demonios en Su nombre y realizan milagros en Su nombre lo hacen por una de estas razones perversas. Porque, en verdad, los verdaderos seguidores de Cristo son animados a enseñar, expulsar demonios y hacer milagros en Su nombre. Por lo tanto, no es que haya algo malo en estos 3 actos; es el motivo y la intención de quien los realiza lo que es perverso.
La respuesta de Cristo a esto es aterradora:
CJB Mateo 7:23 Entonces les diré directamente a la cara: «¡Nunca los conocí! ¡Aléjense de mí, ustedes, hacedores de iniquidad!»
En el Gran Juicio, el Gran Juez rechazará a aquellos que presenten su defensa de esta manera. Yeshua conoce sus corazones y sus mentes. Él se niega a concederles la entrada al Reino de los Cielos en su plenitud.
Pero cuando habla de «hacedores de iniquidad», gran parte de la Iglesia institucional casi sufre un ataque al corazón, o simplemente pasa por encima de esto sin prestarle mucha atención. Pero este versículo conecta nuevamente con el capítulo 5, versículos 17-19. Recuerden: el tema es la entrada al Reino de los Cielos y sus requisitos previos. La palabra griega utilizada aquí para «iniquidad» es anomia. La KJV prefiere utilizar el término «iniquidad» y la NAB dice «hacedores de maldad». ¿Por qué escoger esas palabras que parecen desviarse de las traducciones literales? La palabra griega para ley es nomia (y nomos), y por lo tanto la palabra para «sin ley» es a-nomia. Pero reconocer esto abre una caja de Pandora, porque ¿de qué ley podría estar hablando Jesús sino de la Ley de la Torá…. la Ley de Moisés? Obviamente, no está hablando de ningún tipo de ley secular por la cual alguien infringe una de esas leyes. No se refiere a la ley romana. La única ley que importa porque afecta la condición eterna de un creyente es la ley de Dios, tal como Él dejó muy claro anteriormente en Su sermón, específicamente en relación con el lugar que una persona ocupa en el Reino de los Cielos. ¿Y qué dijo?
CJB Mateo 5:17-19 17 «No piensen que he venido para abolir la Torá o los Profetas. No he venido para abolir, sino para completar. 18 Sí, ciertamente, les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una yud o un trazo pasará de la Torá, no hasta que todo lo que debe suceder haya sucedido. 19 Así que quien desobedezca aun el menor de estos mitzvot y enseñe a otros a hacer lo mismo será llamado el menor en el Reino de los Cielos. Pero quien los obedezca y así enseñe será llamado grande en el Reino de los Cielos.
El capítulo 7, versículo 22, cierra el círculo y resuelve el asunto. Para Jesús, la falta de ley es la falta de Torá. Es intentar operar fuera de los mandamientos escritos de Dios. La entrada al Reino de los Cielos requiere más que invocar el nombre de Cristo. Requiere obediencia a la Torá de Dios. Exploraremos este asunto con mayor profundidad la próxima vez.